Mierda de la buena.

"Hay un momento en la vida de todo ser humano en el que hay que decidir: guillotina o linchamiento público."
— hace 2 años
"Dame pan y llámame Ameba."
— hace 2 años
"La única diferencia entre salir a ligar un fin de semana o irte de putas es que en lo segundo inviertes mucho menos tiempo."
— hace 2 años
Mierda

Todas esas cosas que has hecho mal alguna vez en tu vida se te meten de golpe en la cabeza un día y deciden quedarse ahí dando vueltas para amargarte la existencia. Y ese día no es otro que un lunes. Un lunes gris en el que has tenido que madrugar para ir a la oficina a hacer el típico curro de mierda que no quieres hacer y que precisamente ese día odias más de lo normal.

Ese día de mierda es hoy.

— hace 2 años
Síndromes

Esta es la historia de dos personas. Una de ellas tiene el denominado Síndrome del náufrago, consistente en sentirse siempre perdido buscando alguien que te lance un flotador. La otra sufre el Síndrome del rescatador, es decir, piensa constantemente que es capaz de solventar los problemas de otros. Ni que decir tiene que ambos disfrutan profundamente con su actividad, el uno gritando auxilio, el otro acudiendo a prestar ayuda.

Resulta que estas dos personas se conocen e inmediatamente sienten que son tal para cual. El náufrago tiene siempre un flotador al que agarrarse y el rescatador tiene siempre una víctima a la que socorrer, y así pasan los meses. Pero un día, el rescatador se enamora de su víctima y le dice que entre rescate y rescate, está empezando a sentir algo más. Al preguntarle si ella, la víctima, siente lo mismo por él, ésta comienza a dudar.

Duda, obviamente, por culpa de su síndrome. Se ve obligada a ser víctima hasta en eso. Sabe que este rescatador es justo la persona que necesita, que no hay otra igual en el mundo, alguien que complementa perfectamente su problema con otro que le va a obligar a estar siempre ahí, para cualquier cosa que necesite. Lo sabe, lo siente, pero no se lo admite. No lo hace porque es su papel y no puede salirse de él. Si le dice la verdad, entonces, por primera vez en su vida, no necesitaría ser rescatada.

Pero el rescatador, lejos de sentirte rechazado o decepcionado, detecta en esto un nuevo problema que solucionar y se pone manos a la obra. El problema que detecta es el síndrome en sí mismo de su amada, piensa que puede ayudarla a superar eso y se pasa los días trazando un plan para que con una jugada maestra su víctima deje de sufrir y le abra las puertas de su corazón. Y entonces, cuando el plan está casi listo, se da cuenta de un detalle muy importante: si consigue que su náufrago deje de ser náufrago, ¿a quién va a rescatar entonces? ¿No será que lo que de verdad le atrae de ella sea precisamente eso? 

Ignorando cualquier tipo de advertencia, jugó el único papel que conoce y salió en su ayuda. Se subió al barco y le lanzó el salvavidas por última vez. Ella, ignorando la situación, se agarró a él con fuerza y cuando subió al barco fue consciente de la situación: su rescatador había eliminado su sufrimiento crónico, ya no necesitaba que nadie la rescatase. En ese instante, libre al fin, declaró su amor al rescatador, pero éste, justo entonces, se dio cuenta de que su motivación principal se había ido y con ella todo el amor que sentía por su ya rescatada víctima.

— hace 2 años
Demolición

A veces hay sentimientos negativos que te acechan, se van acercando al centro de tu cerebro con actitud amenazante y van minando tu fuerza de voluntad. La mayoría de la gente decide luchar contra ellos, reunen fuerzas para impedir que ganen la batalla, pero lo único que consiguen es alargar la angustia para al final terminar deshaciéndose de ellos y quedando en un estado poco deseable.

Yo, sin embargo, hago todo lo contrario: dejo que entren, que se acomoden, que me rompan en mil pedazos y destruyan y reduzcan a cenizas todo aquello en lo que creo. Es un proceso doloroso pero extremadamente corto, cuando ya no queda nada más que demoler, se marchan por donde vinieron y yo comienzo a reconstruirme, pero esta vez, borraré de los planos el punto débil por donde se colaron la última vez.

— hace 2 años
¿Contracorriente?

Si vas conduciendo por una autopista y te cruzas con un coche que viene en sentido contrario por tu carril piensas “¡vaya loco hijo de puta! ¿Qué coño hace?”. Si al cabo de media hora te vuelve a pasar lo mismo, pensarás “¡Joder! ¿Pero que le pasa a la gente? ¡Están todos locos!”. Pero si después de 15 minutos pasa otro, y luego otro y otro, deberías empezar a pensar que el loco hijo de puta eres tú.

— hace 3 años
Y sigue…

Y la cosa sigue, y sigue, y sigue, y sigue… Y tu paciencia ya está llegando a su límite…

— hace 3 años
A ver cómo te lo explico…

Si te dice algo tú vas corriendo detrás, si hace un chiste tú te ries, si no la llamas tú te llama ella, si la miras se te ilumina la cara, si no está se nota que la echas de menos y cuando está que la echas de más. Y todo esto, ella, aunque no lo parezca, LO SABE.

Así que deja de hacer el gilipollas y dedica tu tiempo a algo más productivo, cojones.

— hace 3 años
Ira

Últimamente me estoy dando cuenta de lo necesario que es tener tu momento de ira diaria. Todo el mundo se centra en tener su ratito de relajación, de soledad, de cosas positivas en general. Eso está muy bien, pero ¿qué pasa con la ira y el mal rollo? ¿No sería más sano pensar en soltar toda esa mierda diariamente que barrerla bajo la alfombra y que el día menos pensado salte sobre la cara de alguien que se atreva a mirar?

Yo llevo un tiempo haciéndolo y es algo que recomiendo a todo el mundo. Haced como he hecho yo hoy: escuchad a un volumen insano la cabalgata de las valkirias de Wagner sentados en vuestro sillón más cómodo pensando única y exclusivamente en muerte y destrucción. No tengáis miedo de parecer unos psicópatas, dejad que una ola de fuego, sangre y violencia extrema inunde vuestra mente. Después de cinco minutos y veintiocho segundos estaréis más suaves que un guante.

— hace 3 años